Ayer llegaron unos rinocerontes abstractos. Cansados, pero felices, de tierras tejanas.
Unos rinocerontes montados en avión.
Y aquí estamos, "peinando al rinoceronte que nos unirá a todos."
Gracias Sean.
http://somosfoesamis.blogspot.com/
(Proyecto de novela epistolar)
Salgo de la siesta y oigo, encantado, a Julieta Venegas. Razón por la cual (aunque hay sueños muy difíciles de relatar), me relato las siguientes escenas:
escena donde la nostalgia, pues no pasa ningún enanito verde;
escena donde se me asusta la cara, por la presencia de un caballo ocupado por enanos amarillos;
escena donde un viejo del Home, con cara de actor 1920, y capa como la que pudiera usar un asesino anacrónico;
escena donde me convenzo que, aunque nadie lo crea, la Caperucita ama al lobo.
Lorenzo García Vega
-Intentar ir a la contraria (?), no deja de ser bueno.
Intentar ir a la contraria, en lo blanco absoluto.
-Pasarme un buen tiempo, diariamente, mirando para la pared. Eso fue en una "era". Así como, después, tuve una "era" donde visité, diariamente, a la colchoneta tirada en el solar yermo.
¿Qué fue todo eso?
-¡Qué buen retrato de época! Estoy en lo pleno colorinesco, rodeado por putas - labios rojos.
Se trata del afiche más convencional, y más pasado de moda que he visto nunca.
Mamá me espera en lo que parece ser "la casa de París". Pero ¿no se tratará de una vivienda hollywwodense?
Hay de todo. Pero ¿qué significa esto? A lo mejor, fuera del ridículo, esto no significa nada.
Y ¿por qué buscan a la gorda pintorreada?
Pero ¿es que un anacronismo ridículo puede llegar a ser una hazaña onírica?
Me despierto a las cinco y veinte de la mañana. ¡Qué bobería!
-Repito: "Los zombis han desbancado a los vampiros", dice la prensa.
Lorenzo García Vega
Y la psiquiatra aséptica que parece un anuncio de pasta dental, tiene los dientes inquietantemente blancos. Dientes parecidos a los que puede tener un zombi.
Lorenzo García Vega
Regreso a la sala de cine, donde creo haber perdido mi chaqueta. La encuentro.
Lugar como una feria, con mi psiquiatra -una norteamericana que no sabe hablar español-, buscamos un lugar donde nos podamos sentar a conversar (ya he dicho varias veces que no aprendí a hablar inglés).
Me desplazo con gran ligereza, pero la psiquiatra me dice que estoy profundamente deprimido.
La psiquiatra es una aséptica figura, igual a las que aparecen en la tele, anunciando una pasta de dientes.
Lorenzo García Vega
-Habría algunos zombis, paseando por el lugar donde vivo, si yo fuese un dibujante de cómics.
¡Como me gustaría enredarme con mis zombis inventados! Esto sí que valdría la pena.
-A oscuras la habitación sumergida. Dentro del bolsillo, la luz neón.
Suelo resbaloso, de un color siruela.
Se oyen caer gotas de agua.
-Diría que un feo sadismo interior.
Gotas. Humedad.
Frotando dos bloque de piedra. Chirriando.
-He soñado con una película sobre una escena famiar del siglo XIX inglés.
Pero el argumento se ha borrado.
Sólo sé que he soñado.
-Sale de ese lago de agua fría- ¿esto me lo dice mi madre?
¿Este mes de enero es igual a todos los meses de enero?
Lorenzo García Vega
-Ahora, al observar el agua que cae de una pila, podría dibujar ese rostro que nunca llegó a conocer: el rostro de la que pudiera haber sido la mujer de su vida (trasladar esto al cuadradito de un cómic).
-Roberto Arlt decía de una escritura donde “la violencia de un cross a la mandíbula”.
Imagino un esparadrapo cubriendo una torre, pero sin cross, ni mandíbula.
A lo más, vuelvo a ver al maestro Rank, paseando por las calles del barrio donde vivo.
Es decir, algo donde lo que pasa no pasa.
O sea, es ese no-suceder que me sucede a mí.
¿Yo siempre he sido un hombre muy aburrido?
-Lo supervisado fue visto. O sea, dado con dado, dentro de un cubilete infernal. Pero ¡decir esto! Decir lo que estoy diciendo, ¿no implica una fea, escasa, imaginación?
-La madre de los trailes, la que se murió de frío. José Martí conoció a la niña de Guatemala. La que se murió de amor.
Martí despertaba, todos los días, a las tres y cuarto de la tarde (esto, también, se puede meter dentro de un cómic).
-Entonces las tardes comienzan con palabras oficiales del Fiscal Mendía, un lector que finaliza tomándose un litro de cerveza.
Pero, por una parte, la historia empezó (el dibujante no la ha sabido continuar). Y bonito ha sido saber esto (pero, ¿por qué).
-“Hermanos míos, permaneced fieles a la tierra”, decía Nietzsche. Pero ¿esa fidelidad es como la fidelidad a ese hueco en el patio, donde nos metemos para hacernos una foto? Y ¿dónde está la tierra? ¿Me entiendo?
-O sea, Dios es el eco del miedo.
(Feuerbach: “Dios es el eco de nuestro grito de dolor”.)
-Se concibe un argumento , o un personaje, o una escena / entonces, a partir de ahí, el rizoma conduce hasta una iluminación plástica, como procedente de un cómic.
Lorenzo García Vega
En este zuihitsu, la aparición del niño Sebastián Marcel de Cuba. A su padre poeta, Pablo de Cuba Soria, le envié este mensaje de anacrónico origenismo: "Todo va hacia su salvación".
O sea, le envié una frase en la que no creo, pero que es linda.
Lorenzo García Vega
Por lo menos, en este momento, me apacienta la tontería que puedo tener sobre mí. Pero ¿hasta que punto puedo contar con esa tontería?
Y un restaurante de la calle Belascoaín, cerca de donde estaba el Hotel que se cayó. Cayéndose él también. Oscureciéndose, él, con un color de oro viejo. ¿Pero eso, ahora qué puede significar?
Lo que sé, desde un carrusel. Ese lugar común que vuelve de nuevo.
Mes de enero. Vuelve la noche, con el avión que pasó a las 10. Soy un obsesivo.
“y un atardecer casi lila dice que esta es la tierra / que nos dieron, donde sería bonito remontar / sin más un papalote, y arrimaría un ramito / de albahaca al proximo suicida.” Angel Escobar.
Lorenzo García Vega
"Necesitamos un lenguaje para nuestra ignorancia", cita de Gombrowicz, en el Diario de Piglia.
Mi zuihitsu, el lenguaje de la ignorancia. Sí, algo de eso es lo que estoy buscando.
Hoy, como a las tres de la mañana, me desperté artrítico y con todo el cuerpo contraído. Alguien, entonces, dentro de mí, me dijo que yo no debería de haber seguido viviendo, me preguntó la razón por la cual yo no pude suicidarme. Yo no pude...
¿Por qué estoy escribiendo esto? Bueno..., quizás un zuihitsu lo debe incluir todo, hasta lo energuménico, y aunque se escriba en un blog.
Entonces, continuando con mi despertar a las tres de la mañana, recordé aquel libro, "La tumba sin sosiego", que tanto releí.
Tres libros me permitieron sacar cuando me fui de la asquerosa Cuba castrista, y uno de los que escogí fue "La tumba sin sosiego".
Es curioso, cuando acabé de escribir esto que estoy diciendo, sentí que ya no tenía artritis ni contracción en el cuerpo. Es curioso.
¡Un lenguaje para nuestra ignorancia! Y en el blog, porque a los editores, si uno no deja de ser un no-escritor, no les interesa publicar nuestros diarios. Hay que seguir escribiendo para nadie, y quizás, paradójicamente, el blog es el mejor medio.
Lorenzo García Vega
Margarita: esta es mi carta respuesta al autómata que soñó Saunders. Creo que se puede meter en el blog. lorenzo
P.D. Hoy hay algo raro en las hojitas que están frente a la ventana. Cualquier día esto termina mal.
--- On Tue, 1/4/11, Rogelio Saunderswrote: From: Rogelio SaundersSubject: Allá lejos y hace tiempoTo: "Lorenzo García Vega"Date: Tuesday, January 4, 2011, 10:46 AMFeliz año nuevo, Lorenzo, querido tiburón crudo! Te envío un texto que escribí allá lejos y hace tiempo (a ver si te animas y me envías también algo tuyo). Antes de conocernos, ya nos conocíamos. Un abrazo grande,Rogelio.--- On Mon, 1/10/11, Lorenzo Garcia Vegawrote:
From: Lorenzo Garcia Vega Subject: para el blog
To: "Rogelio Saunders"
Date: Monday, January 10, 2011, 11:42 AM
Hoy es lunes, enero, y habría que leer las cabañuelas (en el campo, cerca de Jagüey, una vieja, llamada Nené, las leía). Siempre me acompañas, aunque a veces me meta debajo de la mesa y no me veas. Creo que también estoy detenido frente al abismo al revés. ¿Qué voy a hacer, si ya tengo 84 años? Y ese amarillo del que hablas: está como cerca de tan lejos que está. ¡Qué raro es eso! Había una bodeguita, la bodeguita de Falcón, cerca de mi casa -la única que tengo-, en Jagüey. Querido Saunders, ¿y que pasaría si nos metieramos a espiritistas?lorenzo
¿Lista de recuerdos? Aquella mañana, al enloquecer el aire, dos viejos autos iban por el trillo, uno detrás del otro. Esto sería el primer recuerdo de la lista.
Búsqueda de lo que en uno siempre ha estado loco. Después, agarrar un género literario, o una mezcla de géneros, para expresar eso que en uno siempre ha estado loco.
La locura que siempre se tiene dentro. ¿Cómo, uno, se puede olvidar de eso?
Ese territorio extraño que me ha correspondido. ¿Por qué, nunca, he tenido el valor de colonizar ese territorio?
Yo abría la puerta que daba para el patio. Esto era por la noche. Entonces arrojaba un vaso de agua, sobre la tierra: los árboles que veía se habían convertido en espectros. En seguida, como con miedo, yo cerraba la puerta y me metía dentro. Entonces, de verdad, la casa era un refugio.
Todo esto, lo recuerdo ahora al leer esto del chileno Raúl Zurita: “La noche es el manicomio de las plantas”.
Arrear palabras, como un retraído. ¿Qué quiero decir con eso? No lo sé decir, aunque…, sí, quisiera arrear con ese tono de distraído que a mí me debe corresponder. Todos estamos distraídos, y yo también estoy distraído.
“Nada es original. Robos de cualquier lado que resuene con inspiración o que impulse tu imaginación (…). La autenticidad es incalculable, la originalidad inexistente”. Jarmusch.
Aparecieron los posibles brujos. Lo imposible como posible. El agua que, por la noche, se tiraba sobre la tierra del patio. Voces del campo. Los bichos estaban escondidos.
Ahora sí que los muertos están a flor de piel. La autenticidad que vuelve: el plato caliente, en la cocina.
O sea: repito, repito, repito: lo mismo, lo mismo: lo amarillo; aquel patio en la noche, con un cienaguero tocando una filarmónica en el patio del Hotel Vista Alegre.
¿Estoy perdonando a mi pasado?
No, no perdono. Sigo rechazando, sigo odiando. Pero ahora, junto con rechazar, también acepto.
Mastico, lo que he odiado.
Acepto, por primera vez.
Las mujeres de las islas canarias eran batidas por el viento. El viento engendraba la locura. El viento siempre ha sido muy importante. Pero, no voy a explicar nada. Sobre todo, deseo enumerar.
Lorenzo García Vega
Era el final de curso, y al salir del colegio de los jesuitas tres medallas de mierda tintineaban en el saco de mi uniforme.
Mi padre ¡el pobre!, se sentía orgulloso.
Le ordenó al chofer de alquiler que nos condujera hacia la casa de un viejo farmaceútico, que había sido su jefe en los años de su juventud.
Mi padre, repito, se sentía orgulloso de mí (creo que fue la única vez que se sintió orgulloso de mí). Yo, parado con mis medallas, tuve que someterme a la contemplación del viejo farmaceútico.
Se oían las olas del mar, pues el lugar donde mostré mis tintineantes medallitas, estaba frente al malecón.
Yo, por un instante, soñé que dentro de un reloj se refugiaba una multitud de ovejas.
Fue el día más ridículo de mi vida.
Lorenzo García Vega
El callejón de los mareados, o el lugar donde hubo un cine.
Averiguar sobre esto.
Observación final: nunca nos veremos en el otro mundo, ya que no hay otro mundo.Lorenzo García Vega
Invadido por la artritis. No puedo ni moverme. Rimbaud. Viajo, viajo y viajo, por geografías exóticas. Pero viajo sin moverme. O sea, soy un viajero que no da ni un solo paso. Caído en el África de Rimbaud.
Todos se acuestarn a dormir, en el barco que está en el puerto. Yo me paseo por una calle de maderos. Hay una gran botella de coñac, en el bar destartalado. ¿Esos marinos viejos, cómo me ven? O dicho de otra manera, unos marinos viejos me ven, pero es como si no me vieran. He entrado, de cierta manera, en el país de los sueños.
Comienzo y fin.
Al llegar al exótico puerto, en calidad, por supuesto, de bicho raro, siento que, de cierto modo, he regresado al principio o, dicho de otra manera, siento que he regresado al lugar de mi nacimiento (?).
Pero, entonces, hay dos visiones. Pero ¿qué tienen que ver una con la otra? ¿Cómo, en un cuento, se pudiera meter este lío?
¡Qué extraño! Mis años los he pasado haciendo apuntaciones sobre mis años, y ahora resulta que, cuando sueño, me parece que estoy soñando por primera vez en mi vida. Pero ¿qué es lo que quiero decir?
¿Por qué estoy diciendo cosas que no sé bien lo que quieren decir?
Yo tengo que arreglarme, tengo que componerme, tengo que ordenarme. A veces siento como si todos los presentes de mi vida se fueran a meter en el saco de un rizoma. Cómo si… ¿Es que me estoy acordando de Funes, el memorioso? Pero, yo no me puedo acercar a Funes. Yo no tengo nada más que pedazos.
Lorenzo García Vega