La poesía tiene que ver con los gatos. Y esto se aprende cuando uno mira las hojitas del árbol.
Lo curioso es que a mí no me gustan los gatos. Les tengo miedo. Como les tengo miedo a todos los animales.
Lorenzo García Vega
(Proyecto de novela epistolar)
Definitivamente, este bordado que pudiera ser ininteligible, está metido dentro de un lago.
Yo lo digo con ninguna voz, ahora que me está sucediendo eso: decir sin ninguna voz.
Pues palabras que ahora, de niño, me saqué de los bolsillos. Pero ¿dónde están mis bolsillos?
O es lo semejante a la sombra de un payaso.
Supongo que esto pueda ser lo que está ocurriendo.
OBSERVACION- La luz neón, la de la piscina del Motel, vuelve siempre. Ahora parece como que se va metiendo dentro de un ascensor amarillento. Pero esto no puede ser verdad. Y es que mientras, dentro del sueño, agarro un reloj, el tiempo pasa lentamente (¿es que sueño lo profundo como si estuviera escondido? No lo sé).
¿ES QUE DE VERDAD NO QUIERO?
La –sol – fa. Fa- sol – la. La rino... ¿ La rino qué? ¿ De qué río se trata? , ¿o solo?, ¿o lo que espera es un silencio?
O una lluvia, fea, que una vez cayó sobre una cuartería fea. Y, lo que pudo ser: ¿fueron días mediocres? Es posible que así fuera.
Soledad que me dejó teñido de blanco. ¿Dónde fue el barrio en que sucedió eso?
Hay persianas que no cierran, pero eso no significa nada.
Una prisión, entonces, que no se parece a una prisión.
Estoy mudo, de tanto saber que estoy mudo.
Por lo que, con un pedacito de roca se podría construir un mito, pero eso ni intentarlo puedo.
Entonces, ¿a cuál andén le podría colocar sombra? Y esto, ¿para así inventarme lo que ya no puedo inventarme?
Payasos y peces, pero borrados.
Y, repito, lo que una vez me expliqué (¿Qué pupila vacía es la que puede dictarme un canto sin sonido? Pero, ahora, no estoy para esos asuntos). Y, lo más extraño: aunque me explico, quizás no quiera explicarme.
Lorenzo García Vega
Cierto sonsonete (?)en el día de hoy. Me tomé la sangre y tengo 222 de azúcar. Depués, fui a ver al diabetólogo, quien me recomendó siguiera inyectándome las mismas unidades de insulina.
Después, continuó el sonsonete, pero traducido en lo plástico.¿Cómo fue eso?:
vi una unidad, atravesada con curvas superpuestas / había un abstracto, termómetro a medias;
también una escultura, donde un niño de alambre, imposibilitado de correr / el techo era un trampolín;
y el rectángulo blanco, lleno del líquido de una vacuna / debajo, sin que se pudiera saber por qué se relacionaba con el miedo, había un tubito negro;
y un mini-cuento, donde se decía que, en lo rojo, se podía mirar una tonga de tubos con luz neón;
también una estructura, soñada por un calvo;
y dos velas blancas que, aunque marinas, sugerían un soldado rojo;
así como el desplazamiento de una línea de puntos / ellos, parecían sombras relacionadas con una película vista hace muchos años.
¿Puedo considerar que he tenido un día interesante?
El diabetólogo me dijo que la hipo-glucemia puede afectar la memoria.
Lorenzo García Vega
BA-TA-CLAN. Offenbach. Por fin, durante un insomnio, te has puesto las medias. Relacionado, el asesinato de los gatos, con la destilación más pura: una esencia. Porque, sin duda, es el insomnio: no se sabe si del reverso se pueda estar hablando. Sí, si es que se pueda estar hablando de ese más refinado producto, un producto francés. Me estoy diciendo, pues, que detrás de unos días elementales estoy jugando a lo mejor de mi mismo. Aunque no sé si esto se podrá entender.
Por lo que sólo al final, cuando el sueño vuelva a fundirse, será que, de nuevo, me reconcilie con la destilada esencia de los gatos. OBSERVACION-Durante la siega fue. Allá, donde el bataclán en que los espectadores sin ojos.
Lorenzo García Vega
Indecisión, ésa, cuando lo que se pudiera acercar al Punto.
(El cuerpo. En el Hospital -Sala de Emergencia-, del techo pendía un instrumento del Santo Oficio).
Hacia ti mismo, te viras. Al mismo tiempo, no te viras hacia ninguna parte. Si te hicieran una radiografía, no encontrarían otra cosa que lo seco de una lluvia.
Pero todo esto, dicho, es como pronunciarse sobre un Santo. El Santo cuya mandíbula se imposibilita medir.
¿Y el poema? El poema, entonces, surge. Pero no se sabe ni cómo surge. Estoy escandalizado, pero nadie lo nota, ya que la lluvia seca está dentro de mí.
OBSERVACION- Nada, ni nadie, me avisa sobre el posible estado puro de un cuarto que se ha quedado solo.
Lorenzo García Vega
Inhalar. Así que coloco nube fría, sobre una hornilla. Los cacharros –el frigidaire-dispuestos para Gregorio Samsa.
¿Estereotipado el grito? ¿La Forma podría ser un grito? Por supuesto, todo está metido en un bolsillo.
(Pudiera volver a lo que fui; pero no, no puedo volver a lo que fui).
Y, ¿quién es el mecánico , debajo de un auto, instalado, desmayado, en el corto fílmico?
Pues hay una luna con luz neón, y Sol con luz neón, y varias lunas más, con luz neón.
Si se mira bien, quizás la cartulina, con emoticones amarillos, me bastaría para reconstruir, al revés, mi infancia.
Lorenzo García Vega
¡Oh, sí!: ese fantasma. ¿Es K H? ¡Qué raro! Ahora, frente a la casa, en tarde de domingo, él tiene una cara emoticona –línea curva, por supuesto- que le enciende, y le apaga, la sonrisa. ¿Qué es eso?
¿Fijo el emoticón para que se escape después? No, no es así. No estoy fijando, para que luego se me escape, la curva del fantasma.
Está la pila que, hace tantos años, chorreaba.
El sueño, este sueño de ahora, la sitúa en la devoradora ansiedad de un miedo aullado (¿).
Pero, repito, estoy fijo (en el proyecto de un corto fílmico, el mecánico, desmayado, yace debajo del auto – pero, quién va a entender el libreto?).
La escritura, todas las escrituras que he intentado, pudieran componer el cuerpo muerto que se pasea por la ciudad que ya no me responde.
Pero ¿de qué estoy hablando?
¿Estoy hablando por hablar?
Lorenzo García Vega
Nada se puede esperar, sino un viento churrioso.
Estoy mirando para todos los lados, pero sin mucho interés.
¿Hubo un grito, un cine 1934, una calle llamada Benjumeda?
Ninguna meditación, hasta ahora, ha conducido a nada.
Esas ramitas, ya como para siempre –aunque ya se sabe que no hay nungún siempre-, en el árbol que está frente a mi ventana.
-ADVERTENCIA- Ruina. "Uno debe arruinar un palacio para hacerlo un objeto de interés", esto lo dijo Diderot.
Lorenzo García Vega
Parece que, ya, yo tengo que inventarme la mañana en que despierto.
Un sucio tablero. El patio. El patio, con polvo, donde también voy viviendo.
¿En qué cine echaron aquella película que, todavía, no recuerdo?
No estoy viendo claro, por supuesto. Pero es que, tampoco, he visto claro nunca.
Lorenzo García Vega
¿Hasta el Sol, hasta el mismísimo Sol, se podría meter dentro de una caja? En un día seco, aunque quizás se le pueda considerar como un día bueno.
Más tarde, debido al hecho de que siempre vivo frente a un muro, repetiré el encuentro con una película de 1936. Esto, y también un grabado con misioneros frente al mar, mientras la luz neón de un ascensor.
Pero ¿por qué las ruinas me alimentan?
Un día –seguro que será por la mañana- , y aunque no lo esté esperando, me encontraré con todos esos: los muertos que me corresponden.
Lorenzo García Vega
-Posible grabado: una vaca desolada -desencajada- con su sexo al aire en plena página fina. Refinamiento para guardar en un archivo.
-Una semana con cabezas, encontradas y, también, casi con el sabor extraño de lo que se vuelve a entender (proyecto para soñar un collage).
- "Esos perros que nunca han cantado, ni que tampoco, nunca, cantarán", título para un posible poema que no acabo de poder soñar.
--La pregunta de Max Ernst, horas antes de morir: Robert, ¿qué piensas de la carta? Robert: "¿Qué carta?" Max: "Sabes bien qué carta, Robert. La Carta al Vidente".
-Me volví a encontrar con quien conocí de joven, en el Instituto de Segunda Enseñanza. Siempre fue bautista, desde hace años es Pastor. ¿Qué me separa de él? Que él tiene una respuesta y yo soy un "colachero". Los "colacheros", no podemos tener respuesta.
Lorenzo García Vega
Macedonio decía del escritor que no alcanzaría a leer lo que iba escribiendo. Hoy tuve una experiencia de eso. Me sucedió que iba tan rápido que no podía leer lo que iba escribiendo. Pues fue que empecé escribiendo sobre un gato que estaba bajo la música del harpa. Pero sucedió que la cosa se me puso tan rápida que, de inmediato, todo se convirtió en otra lucha de gatos, situados en un patio feo y, donde, prescindiendo de la noche (estaba el avión de las 10 que siempre oigo), estaba cayendo, sobre un pequeño agujero de abismo sin fin, la búsqueda de un mar que siempre estaba lejos. Pero eso no sólo fue así, sino que lo rápido –escribiendo y escribiendo, yo- se me hizo más y más difícil de leer. No sabía si debía agarrarme la mano, pero si me agarraba la mano, entonces, por supuesto, dejaría de escribr. Por lo que así, entonces, arrebatado por lo rápido, me metí en un párrafo en el que ya no podía leer nada. ¡No podía leer lo que estaba escribiendo! Y esto a pesar de que, entre un trigo y un amarillo de hombre invisible, mi mano seguía escribiendo con un ritmo de cómic que, si no fuera porque no podía entender lo que estaba escribiendo, sería así como una vieja azotea –pedazos de insecto- que conocí en 1936.
Lorenzo García Vega
Un furor apenas perceptible, pero sin duda un furor (la hora se pondría seria).
Aunque inútilmente, quería ser lo que no ocurriría.
Una saga olvidada, inmediatamente después de haberla recordado.
El amarillo fue la coartada de la antorcha. No sabía como podría ser, pero el amarillo fue así.
Esa honda que aun no sé si la oí, apenas podía ser pescada por un punto.
Lejana imaginación de un pescador que jamás ha existido.
Las bandurrias entonces: eran ya para viejas estatuas, cubiertas de hojas secas. Un contagio, para el cual no tendría ningún sentido usar un bisturí.
Y yo no me ví, porque no habría ningún viento desde el que me pudiera ver.
Suerte de páramo, por tanto, parecido a una hoja –flecha fría- , o a una, sola, mata. Los personajes de la vieja película, ya ni sueñan que yo pude tener un cuerpo.
Así que muda, esta Estación que estoy inventando. Todo un reguero. Todo un reguero que no serviría para donde empezar. O, lo que es lo mismo, inútil río.
(No habrá, en esta noche, ninguna fábula silente.
(Para Sean y Margarita)
Lorenzo García Vega
Pero es que se me perdió algo en la repuesta a la tarjeta que Sean Manning me envió.
Es que Sean me habló de cuatro rinocerontes en estado de posibilidad.
Es que después, anoche, soñé con lo que no logré grabar del todo. Sólo quedaron piezas sueltas: una casa provinciana (esa casa, que formó parte del mundo de mi infancia, yo la conocí, pero nunca entré en ella) y dos menús. Uno de los menús le correspondía a la supuesta, onírica, querida del dueño de la casa (un personaje que ya había muerto, cuando yo nací).
Así que no sólo he confundido rinocerontes con hipopótamo, sino que mi repuesta a Sean ha sido disparatada. Pero, lo voy a dejar así. Sean lo comprenderá.
Lorenzo García Vega
Hoy, Domingo, leo esto en el periódico: “Kafka decía que el momento más arriesgado de la vida era dejar la cama”.
Esto lo entiendo bien. Entiendo bien la extraña “emulsión” de ese momento arriesgado. Pero habría que indagar sobre “el nivel de vida” (¿un nivel de vida?) que el despertar nos sugiere. Pero sucede con esto, algo así como…: aunque sé lo que estoy diciendo, no sé lo que estoy diciendo.
¡Un momento arriesgado!
También, Manning, tu tarjeta me dice sobre “la posibilidad de quedarse plano”, o de despertar, levantando las tres dimensiones.
Entonces , Manning, ¿pudiera tener, lo arriesgado del despertar de hoy, una coloración que vinculara tu hipopótamo con el doble menú de la querida inventada por el sueño?
O sea, Manning, ¿entonces sería, lo arriesgado de mi despertar de hoy, como una respuesta para buscarle un sitio a tu hipopótamo? Pero, ¿se trata de un hipopótamo, o se trata de un rinoceronte? Pero, todo esto que estoy diciendo, un autista no lo podría decir mejor?
Muchas gracias por tu tarjeta, Sean’
lorenzo
P.D ¿Por qué confundo a hipopótamo con rinoceronte? No tiene sentido.
-Ahora son las seis de la tarde, y están las hojitas (ha vuelto el frío) como tentándome a reiventarlas como pedacitos de telaraña, o como pedacitos de manchas negras.
Las hojitas, por supuesto, pertenecen al árbol que está frente a la ventana de mi cuarto.
¿Ahora el blog será mi única manera de expresión?
Paseando por el interior de mi mismo, tal como lo digo (ahora el avión, 6 de la tarde, está pasando por sobre las hojitas. Cielo oscuro)
Paseando por el interior de mi mismo. Era un Hotel vacío, con paredes oscuras y desteñidas. Un Hotel de cuarta clase, provinciano, como el Hotel Vista Alegre, de Jagüey Grande. Pero todo vacío.
Entonces, cuatro de la mañana, me despertó la hipo-glucemia. Una sudoración como para entrar en la muerte.
Todo vacío.
Entrar en el blog. Meterme en el blog.
Lorenzo García Vega